«El té comenzó siendo una medicina y acabó por transformarse en una bebida».

El libro del té, Kakuzo Okakura.

Historia del té China - Emperador Sheng Nung

La historia del té comienza en China. De acuerdo a la leyenda, fue el emperador Sheng Nung quien descubrió el té en el 2737 a.C., cuando dormía a la sombra de un arbusto mientras a su lado se hervía agua en un recipiente. Algunas hojas de este arbusto cayeron casualmente en el agua hirviendo y el emperador encontró la infusión deliciosa y vigorizante.

La costumbre de servir hojas de la planta del té (Camellia sinensis) para conferir un buen sabor al agua hervida se utilizó por primera vez en China hacia el año 250 a.C., pero fue durante la dinastía Tang (618–906) cuando el té comenzó a establecerse rápidamente como la bebida nacional y cuando el poeta Lu Wu escribió el primer libro sobre el té: el Ch’a Ching (El libro sagrado del té).

Poco tiempo después, el té se introdujo en Japón por los monjes budistas que habían viajado a China para estudiar. Beber té se convirtió en una parte vital de la cultura japonesa, así como el desarrollo de la Ceremonia del Té.

«Al igual que el arte, el té tiene sus épocas y sus escuelas. A grandes rasgos cabe dividir su evolución en tres etapas principales: el té cocido, el té batido y el té en infusión. Cada una de estas formas de preparar el té responden a los distintos impulsos emocionales de las dinastías Tang, Sung y Ming en China».

Compañía Holandesa de las Indias Orientales

En Europa, no es hasta finales del siglo XVI cuando se hacen las primeras menciones al té como bebida entre los europeos. Éstos eran sobre todo portugueses que habían vivido en Oriente como misioneros o comerciantes. Sin embargo, los primeros que realizaron verdaderas importaciones comerciales de té fueron los holandeses, cuando a principios del siglo XVII establecieron en la isla de Java la Compañía Holandesa de las Indias Orientales. En 1606 fue realizado el primer envío de té desde China a Holanda. El té se convirtió rápidamente en una moda entre las clases altas europeas y se fue extendiendo a otros países de Occidente.

En 1662 gracias a Catalina de Braganza, princesa portuguesa y reina consorte de Inglaterra, el té entra en la corte británica y empieza a ser una bebida de moda entre las clases altas del país. La Compañía Británica de las Indias Orientales empieza a importar té en 1664, refiriéndose a él como «esa excelente bebida china, que ha recibido la aprobación de todos los médicos, y a la que los chinos llaman tcha».

Los locales londinenses de la primera mitad del siglo XVIII dedicados a la degustación de café, se transformaron en lugares de degustación del té, una bebida que pronto pasó a ser la más codiciada en Inglaterra y la costumbre de tomarla se ha mantenido a lo largo de estos siglos.

Boston Tea Party

«Cuán importante es el papel que el té ha desempeñado en la historia moderna. La América colonial estuvo resignada a la opresión hasta que la humana capacidad de aguante llegó a su fin ante las elevadas tasas con las que se gravó el té. La independencia norteamericana data del momento en que cajas de té fueron arrojadas al agua en el puerto de Boston».

A principios del siglo XIX se inicia la tradición inglesa de tomar cuatro tazas de té a lo largo del día: el “Early Morning Tea” en las primeras horas de la mañana; el “Nice Cup of Tea” durante el día; el “Five o’clock Tea”, costumbre iniciada por la duquesa Ana de Bedford; y para terminar, por la noche llega el “High Tea”.

A inicios del siglo XX el té está extendido por la mayor parte del mundo, llegando a Marruecos, y se inventan en Estados Unidos las bolsitas filtrantes de muselina para infusionar esta bebida.